Tarta de queso

 

Este es un clásico: la típica tarta de queso que siempre sale bien. Recomiendo comerla después de que haya pasado por lo menos una noche en la nevera; la diferencia es enorme. Obviamente no pasa nada si la comemos recién salida del horno (porque también está rica), pero es que la diferencia entre comerla caliente/templada y fría es de la noche a la mañana.

Tarta de queso

INGREDIENTES:

– 300g de queso fresco de untar (yo uso Philadelphia)
– 140g de azúcar blanco
– 50g de mantequilla
– 1 vaso de nata líquida
– 8 galletas
– 3 huevos
– 1 pizca de azúcar avainillado o unas gotas de extracto de vainilla
– 1 bote de mermelada de fresa

PREPARACIÓN:

Precalentar el horno a 180º.

Triturar las galletas en un robot de cocina (o si no tenéis, las metéis en una bolsa de conservación y las aplastáis con algo pesado) y mezclarlas con la mantequilla derretida. Repartir y apretar bien la mezcla contra el fondo de un molde bien engrasado (preferiblemente que sea desmontable).

En un cuenco grande batir el queso fresco junto con la nata, los huevos, la vainilla y el azúcar hasta que queden completamente homogéneos. Verter la mezcla de queso en el molde encima de las galletas. Es recomendable verterlo con cuidado para que no se mezcle el queso líquido con las migas de galleta, pero si se acaban mezclado no importa: al calentarse la galleta bajará hacia el fondo sola.  Meter al horno durante unos 40 minutos (o hasta que al meterle un cuchillo, éste salga limpio).

En un cazo, vaciar el contenido del tarro de mermelada y calentar hasta que quede casi líquido. Cuando la tarta esté hecha, repartir la mermelada bien por encima y dejar enfriar. Conviene no meterla en la nevera recién salida del horno: lo ideal es dejarla enfriar unas horas, y luego dejarla en la nevera toda la noche.

Tarta de queso

 

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